jueves, 13 de diciembre de 2012

“En Argentina tenemos que aprender a tirar todos para el mismo lado”


Por Betania Supertino y Bárbara Sarroca

Sacrificio, dificultades y perseverancia son algunos de los condimentos que sazonan la rutina de cualquier deporte. Pero cuando la disciplina a la que los deportistas dedican su vida no es de las más populares y no goza del apoyo adecuado de los organismos estatales y supranacionales estas especias la vuelven demasiado picante, casi indigerible. Sin embargo, el amateurismo cuenta con personas que convierten este desafío en su cotidianidad. Florencia Quiñones tiene 26 años y llegó a Buenos Aires desde Oncativo, Córdoba, a los 18 años, para convertirse en futbolista. Con mucha voluntad, y sobre todo talento, saltó las barreras de un juego machista para llegar al máximo nivel de competencia internacional. En la siguiente entrevista cuenta cómo fue el camino que la llevó a ser la primera argentina en entrenar en el club de Lionel Messi y cumplir el sueño de muchos, y muchas.

¿Cómo te iniciaste en el fútbol?
Empecé a los cuatro años porque lo seguía a mi papá que lo practicaba, creo que deben ser sus genes, iba a todos lados con él y sus compañeros me hacían atajar. Después arranqué de chiquita con el baby fútbol en el club Los amigos, donde estuve cinco años, y luego empecé a hacerlo en inferiores: cuatro años en el Club Deportivo y Cultural Unión, y dos en el Club Atlético Juárez Celman. Después tuve que irme a Buenos Aires para poder seguir jugando, ya que con varones no lo podía hacer más. Entonces me mudé, para comenzar a competir en el torneo de fútbol femenino de la AFA, en San Lorenzo de Almagro.

¿Qué dificultades encontraste en tu carrera?
Hay que pelearla un montón, luchar contra diez mil situaciones. Y otro obstáculo tal vez haya sido el no poder estudiar, porque era demasiado sacrificio, y más estando lejos de la familia, que no dispones de todo a tu alcance, porque estás en un alojamiento donde no contás con muchas comodidades. No es tu casa y lo que traes lo tenés que llevar de nuevo.

¿Cómo les pagan a las jugadoras en los clubes y en la selección?
Si se les pagara sería más fácil hacer la comparación (risas). No es suficiente ni para los gastos de transporte de una semana. En San Lorenzo la forma de pago era mensual, desde la pretemporada hasta que terminaba el torneo, aunque siempre muy atrasada. En la selección era por semana de entrenamiento, pero si faltabas algún día te lo descontaban. Si te lesionabas ahí sí te seguían pagando, pero si te rompías en el club no podías ir, por lo tanto no cobrabas. Es imposible vivir del fútbol en Argentina.

¿Qué diferencias encontrás entre el fútbol femenino argentino y el español? Muchísimas.  Acá, en España, se hace un calendario anual y no se suspende ningún partido. En infraestructura si comparo con el Barcelona la diferencia es inmensa, pasa que es un club muy grande. Habiendo viajado a otras ciudades noté que las canchas son todas de sintético. El césped artificial hace que los partidos no se suspendan por no querer arruinar la cancha, como pasa en Argentina, que son de pasto natural o tierra. Además todos los equipos viajan con sus kinesiólogos y siempre están a disposición de las jugadoras, nos tratan como se debe. En el Barça sos como uno más, no hacen diferencias por ser mujer y te contienen mucho.

¿Qué crees que puede aprender el fútbol femenino argentino del  europeo?
Mucho, desde la organización hasta la forma de entrenar. En España se ve buen juego, no tan físico como en Argentina. También deberíamos aprender un poco en cuanto al trato a las deportistas, y a tirar todos para el mismo lado, con respecto a los que están más arriba y manejan las cosas.

¿Crees que puede llegar a ser profesional en Argentina?
 La verdad, no creo, porque es una sociedad muy machista y además nadie se la juega en invertir en algo que no genera ganancias. En realidad no se sabrá si puede dar dinero si ninguno prueba ponerle plata. Pero lo veo muy utópico.

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