Por Betania Supertino y
Bárbara Sarroca
Sacrificio, dificultades y perseverancia son algunos de
los condimentos que sazonan la rutina de cualquier deporte. Pero cuando la
disciplina a la que los deportistas dedican su vida no es de las más populares
y no goza del apoyo adecuado de los organismos estatales y supranacionales
estas especias la vuelven demasiado picante, casi indigerible. Sin embargo, el
amateurismo cuenta con personas que convierten este desafío en su cotidianidad.
Florencia Quiñones tiene 26 años y llegó a Buenos Aires desde Oncativo,
Córdoba, a los 18 años, para convertirse en futbolista. Con mucha voluntad, y
sobre todo talento, saltó las barreras de un juego machista para llegar al
máximo nivel de competencia internacional. En la siguiente entrevista cuenta
cómo fue el camino que la llevó a ser la primera argentina en entrenar en el
club de Lionel Messi y cumplir el sueño de muchos, y muchas.
¿Cómo te iniciaste en el
fútbol?
Empecé a los cuatro años porque lo seguía a mi papá que
lo practicaba, creo que deben ser sus genes, iba a todos lados con él y sus
compañeros me hacían atajar. Después arranqué de chiquita con el baby fútbol en
el club Los amigos, donde estuve cinco años, y luego empecé a hacerlo en
inferiores: cuatro años en el Club Deportivo y Cultural Unión, y dos en el Club
Atlético Juárez Celman. Después tuve que irme a Buenos Aires para poder seguir
jugando, ya que con varones no lo podía hacer más. Entonces me mudé, para
comenzar a competir en el torneo de fútbol femenino de la AFA, en San Lorenzo
de Almagro.
¿Qué dificultades
encontraste en tu carrera?
Hay que pelearla un montón, luchar contra diez mil
situaciones. Y otro obstáculo tal vez haya sido el no poder estudiar, porque
era demasiado sacrificio, y más estando lejos de la familia, que no dispones de
todo a tu alcance, porque estás en un alojamiento donde no contás con muchas
comodidades. No es tu casa y lo que traes lo tenés que llevar de nuevo.
¿Cómo les pagan a las
jugadoras en los clubes y en la selección?
Si se les pagara sería más fácil hacer la comparación
(risas). No es suficiente ni para los gastos de transporte de una semana. En
San Lorenzo la forma de pago era mensual, desde la pretemporada hasta que
terminaba el torneo, aunque siempre muy atrasada. En la selección era por
semana de entrenamiento, pero si faltabas algún día te lo descontaban. Si te
lesionabas ahí sí te seguían pagando, pero si te rompías en el club no podías
ir, por lo tanto no cobrabas. Es imposible vivir del fútbol en Argentina.
¿Qué diferencias encontrás
entre el fútbol femenino argentino y el español? Muchísimas. Acá, en España, se hace un
calendario anual y no se suspende ningún partido. En infraestructura si comparo
con el Barcelona la diferencia es inmensa, pasa que es un club muy grande.
Habiendo viajado a otras ciudades noté que las canchas son todas de sintético. El
césped artificial hace que los partidos no se suspendan por no querer arruinar
la cancha, como pasa en Argentina, que son de pasto natural o tierra. Además
todos los equipos viajan con sus kinesiólogos y siempre están a disposición de
las jugadoras, nos tratan como se debe. En el Barça sos como uno más, no hacen
diferencias por ser mujer y te contienen mucho.
¿Qué crees que puede
aprender el fútbol femenino argentino del
europeo?
Mucho, desde la organización hasta la forma de entrenar.
En España se ve buen juego, no tan físico como en Argentina. También deberíamos
aprender un poco en cuanto al trato a las deportistas, y a tirar todos para el
mismo lado, con respecto a los que están más arriba y manejan las cosas.
¿Crees que puede llegar a
ser profesional en Argentina?
La verdad, no
creo, porque es una sociedad muy machista y además nadie se la juega en
invertir en algo que no genera ganancias. En realidad no se sabrá si puede dar
dinero si ninguno prueba ponerle plata. Pero lo veo muy utópico.
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