Por Lara Tapia Arrigoni y
Leonel Paz
El equipo nacional de natación comandado por Alberto
Santiago se entrena doble turno diariamente en las instalaciones del Centro
Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD). El entrenamiento es muy
exigente pero los nadadores tienen un sueño: colgarse una medalla olímpica.
“¿Tenés 22 años y querés que yo me tire a la pileta antes
que vos? Aflojá con la charla y vamos”, lo chicanea Juan Martín Pereyra,
nadador olímpico argentino, a Esteban Paz, futura promesa nacional, momentos
antes de comenzar con el entrenamiento matutino.
El sol está ausente el 6 de septiembre. La ciudad sufre
por segundo día consecutivo un temporal con lluvias contantes y temperaturas
muy bajas, sin embargo esto no disminuye ni suspende las exigencias y
rigurosidades del entrenamiento de natación que se produce diariamente en el CeNARD
que se encuentra ubicado en Crisólogo Larralde 1050, en el barrio de Núñez.
Allí se encuentran puntualmente a las 8 Esteban Paz,
Facundo Miguelena, Martín Naidich, Manuela Morano y Belén García Nuñez,
nadadores de alto rendimiento y grandes apuestas de la natación argentina a
mediano plazo y Alberto “El Colo” Santiago, actual entrenador y encargado de la
dirección del proyecto Detección y Desarrollo de Talentos Deportivos. Recorren
juntos los cien metros que separan la entrada al edificio del gimnasio,
ubicado sobre el ala izquierda del
establecimiento. Ninguno de ellos se alarma al escuchar tiros a lo lejos que
rompen la armonía de esta fresca mañana, a diferencia de cualquier individuo
que desconozca cerca que está el Club Tiro Federal.
Son las 8:18 y las barras comienzan a cargarse con pesas,
el equipo está en el gimnasio a punto de comenzar el entrenamiento muscular
específico de cada uno. Se apunta a zonas corporales concretas: hombros,
espalda, brazos, piernas y pecho y los trabajos deben desarrollarse adecuada y
sistemáticamente a través de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos. En un ambiente
distendido y de compañerismo, el conductor de este grupo hace anotaciones en
una planilla que sostiene en sus manos y da indicaciones personificadas
constantemente. Nada se le escapa, ni descuida en ningún momento a sus
dirigidos. “Agregale 20 kilos más. No te lo tengo que decir yo, te tenés que
autoexigir”, le dice “El Colo” a Facundo Miguelena, quien aparta la vista del
aparato para recibir la sugerencia. “En 15 minutos los veo en el agua” son las
últimas palabras de Alberto Santiago que sale del gimnasio rumbo al natatorio
Jeannette Morven Campbell.
Quince minutos pasaron de las 9 y el grupo camina hacia
el fondo del predio. A la derecha, las plateas rojas y blancas del Estadio
Monumental del Club Atlético River Plate son los únicos colores que resaltan en
esta mañana gris y lluviosa.
Mientras los nadadores se dirigen al vestuario a
prepararse para las siguientes dos horas y media de entrenamiento en el agua,
su entrenador se distiende con los guardavidas. El mate va y viene. “Los
objetivos de cada uno son distintos. Pero la meta final, al que todos quieren
llegar es la misma: los Juegos Olímpicos. Cuando se tiran al agua hacen lo que
pueden y se matan. Eso te lo aseguro”, nos confiesa Alberto Santiago. El
guardavida pasa el mate y agrega: “No cualquier persona puede ser nadador. Hay
que nadar tanta cantidad de metros durante tanto tiempo”.
El olor a cloro y la elevada temperatura producto de la
climatización de la pileta hace abandonar las camperas, los buzos y las
bufandas que resguardaban del frio. Los nadadores se zambullen en una de las
dos piletas de 50 metros que existen en el país y comienzan a entrar en calor.
Cada uno separado por un andarivel y concentrado en el estilo en el que se
destaca. Nadan entre doce y catorce mil metros por día, equivalente a 35 mil
kilómetros al año, ósea dos kilómetros menos que la distancia que separa
Ushuaia de La Quiaca.
A pesar del alto nivel de rendimiento y competición, el
ambiente continúa distendido. La fortaleza parece ser “el aguante” mutuo para
sobrellevar esta manera de vivir. A pesar de que la natación es un deporte
primordialmente individual se destaca aún más este clima que se percibe.
“¿Estás cansado que ya te querés ir a dormir la siesta? ¿Qué te quedaste
haciendo anoche?”, bromea Martín Naidich con una mirada cómplice a Facundo
Miguelena.
Es el mediodía y el primer turno de entrenamiento en el
agua finalizó. Luego de pasar por los
vestuarios, todos se dirigen hacia el comedor, ubicado a 80 metros del
natatorio, para compartir el almuerzo y recuperar energías para el segundo
turno que los espera y así continuar con su rutina diaria. “Esto es así todos
los días. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 no se nos pueden
escapar”, afirma Esteban con una voz motivada y cargada de ilusión.
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